domingo 15 de enero de 2012

Top Discos de 2011: Parte 1

2011 ha terminado, para bien o para mal. Se nos avecina un año repleto de chorradas mayas, más y más bielivers y el cierre de esa épica saga literariocinematográfica en forma de Amanecer, Parte II... pero siempre nos quedará la música. 2011 nos ha servido (con cuentagotas, eso sí) muy buena música, excepcional en algunos casos, y aquí intentaré resumir lo que ha significado musicalmente este año para mí. Por supuesto no he podido escuchar todos los discos del mercado y naturalmente es una opinión personal, así que no os exaltéis si no veis el álbum de vuestro grupo preferido.

Pero antes, algunas menciones de honor.

Decepciones del Año

3. Blackfield: Welcome to My DNA

La crónica de una decepción anunciada. Era mateáticamente imposible llegar a los niveles de excelencia y clasicismo renovado de sus dos primeros álbumes y, sin ser un mal disco, queda como un pequeño borrón en lo que de momento era un currículum inmejorable.






2. Pendragon: Passion

Su anterior álbum, Pure, definió un nuevo sonido más moderno y agresivo para la banda de Nick Barret, así que a nadie le pilla por sorpresa que Passion siga por los mismos derroteros... pero no tan a rajatabla. Passion es una copia empalidecida de su más cercana obra maestra, un constante quiero y no puedo que deja fríos a los que nos ilusionamos con el renacer de Pendragon.



1. Queensrÿche: Dedicated to Chaos

Venga chicos, ¿en serio? No podéis hacer algo tan flojo inintencionadamente. Aquí ha habido mala leche... mucha. Dejaros de niñatadas y volved a lo orígines. No soy el único que os lo pide.








Reediciones del Año

3. Rush: Moving Pictures

El mejor disco de Rush remezclado con la mayor calidad posible. Escuchar YYZ en su versión DVD-A provoca multi-orgasmos auditivos con excesiva frecuencia.







2. King Crimson: Discipline

Quizá de todos los discos remezclados de este gran proyecto de relanzamiento encabezado por Steven Wilson (no hay proyecto en que no tenga algo que ver) y el propio Fripp, Discipline era el que necesitaba menos revisión, ya que el sonido original era de una gran calidad. Pero la nitidez y frescura obtenida en esta nueva versión es impagable. Una joya pasada por la mejor pulidora del mercado.



1: Jethro Tull: Aqualung

Si Discipline no necesitaba mucho mimo, Aqualung necesitaba demasiado. La mediocre primera mezcla ha sido un lastre que siempre ha arrastrado esta innegable obra maestra, pero gracias a las expertas manos de Steven Wilson (¿empezáis a ver el patrón?), Aqualung suena 40 años después con más furia que nunca. Si además le añades un buen puñado de contenido exclusivo (Pink Floyd, toma nota) y una presentación bella y añeja a partes iguales, tenemos ante nosotros la mejor reedición del año. Espero que Thick as a Brick reciba el mismo trato.

miércoles 12 de octubre de 2011

Onofre Garcías: Migration [2011]

Artista: Onofre Garcías
Álbum: Migration
Género: Symphonic Progressive Rock
Año de Publicación: 2011
País de Origen: España
Sello Discográfico: Autoeditado

Set-List
1. Eos Rhododaktilos [5:11]
2. Swell [2:29]
3. Shoreline [1:38]
4. Dubious Daisies [1:31]
5. Incursión [3:02]
6. Sirenum Fossae [3:14]
7. Olympus [4:14]
8. First Conclusion [1:44]
9. Distillation [2:10]
10. The Mirroring Marsh [3:29]
11. Spiral Descent [1:41]
12. Removal [2:30]
13. Finale [5:35]

Reconozco que a la hora de fanboyear puedo ser peor que la más ferviente bieliver. El guitarra de este disco sabe de lo que hablo. Pero éste es uno de esos casos en los que el exceso de admiración está justificado. Migration es uno de los álbumes más sólidos de un género casi extinto.

A pesar de Katy Perry, Lady Gaga y demás subproductos de la MTV, durante la última década el Rock Progresivo ha gozado de una salud y de un estado de gracia no experimentado desde la primera mitad de los setenta. No obstante, parece que ha tenido que fusionarse con otros géneros para poder sobrevivir, especialmente el Metal. Ante este panorama, Onofre Garcías nos brinda un disco que ignora por completo la escena musical actual, fresco y vital, cargado de guitarras Oldfieldianas, MIDI y evocadoras melodías.

El arranque de Eos Rhododaktilos es quizá una de las declaraciones de principios más sinceras que se recuerdan. Los acordes placados del piano de Magí Garcías y una acuosa línea de guitarra marcan el tono general del LP. El protagonismo de la guitarra, interpretada por José Manuel Guerra (conocido youtubero por sus covers de Mike Oldfield) persiste en Swell, que va abriéndose poco a poco hasta llegar a Shoreline, evocadora melodía que se convertirá en recurrente durante el trascurso del álbum. No es hasta llegar al corte Dubious Daisies, no obstante, cuando la elección de la portada pasa a ser una necesidad imperiosa más que una simple elección estilística. Los tonos pastel de la ilustración, la sensación de nostalgia y serenidad, se ven perfectamente reflejadas en la música de Onofre Garcías. Migration se beneficia de un pasado en el mundo de las bandas sonoras haciendo de él un álbum muy visual, evocación que prosigue con Incursión, uno de los puntos más sólidos del disco. Tras un relámpago de guitarras y percusión MIDI llega Sirenum Fossae, tema que lentamente va creciendo en dramatismo hasta ser suspendida en el aire. Olympus retoma una de las melodías de Shoreline, cargándola esta vez de un mayor peso instrumental y con líneas vocales que irremediablemente hacen que pensemos en Incantations de Mike Oldfield. First Conclusion termina por cerrar esta primera sección del álbum, con la guitarra clásica como eje principal de la coda.

Distillation inaugura la segunda parte del disco con múltiples guitarras dejando caer las notas casi con cuentagotas, terminando por definirse al llegar a The Mirroring Marsh, que se inicia como una tímida evocación para acabar con grandilocuencia casi militar. Spiral Descent, con sus guitarras sinuosas y un sintetizador delicadísimo hasta que se alza Removal, el epicentro de esta segunda parte. Es quizás el momento más rítmico del disco, aunque no por ello menos melódico. Las guitarras vuelven a tomar el control de la situación. Finale supone un golpe de freno al movimiento del anterior corte. Piano, sintetizadores y guitarras se conjuntan para concluir en un estruendoso relámpago de melodías y poner punto y final a un disco cuya calidad está fuera de toda duda.

Si de algo peca Migration es de exceso de ingenuidad al dejar demasiado a la vista sus influencias. La sombra de Mike Oldfield es muy alargada, y las sensaciones al escucharlo pueden ser similares a las sentidas al escuchar Tubular Bells II. Su mayor virtud está en su artesanalidad, más que en su capacidad de romper moldes.

Aunque tampoco lo pretende. Onofre Garcías nos presenta un disco que demuestra que, a veces, lo importante no es avanzar con los ojos vendados, sino parar y echar la vista atrás. No se convertirá en el disco del año, ni tampoco marcará un hito en la industria musical, ni tampoco se trata del álbum más original del género. No obstante, si buscas buenas melodías instrumentales, fuertes pasajes guitarreros y, en definitiva, un sólido álbum instrumental sin complicaciones, Migration es una más que recomendable opción.